Museo CDMX Museo CDMX
Acerca de: La Exposición Créditos El Museo de la CDMX: Historia Información general Visita la exposición: Actividades paralelas Visitas guiadas Mapa de la exposición LA EXPOSICIÓN: Arte prehispánico Arte virreinal Cartografía Arte del siglo XIX Arte del siglo XX y XXI Transversales DOCUMENTACIÓN Cerrar menú

Arte del

siglo XX y XXI

DESCARGAS

SIGLOS XX Y XXI: DE LA UTOPÍA A LA DISTOPÍA

Luis Rius Caso

LA TRADICIÓN

de la ruptura

Esta sección apuesta por la pluralidad de criterios, de formas de entender y producir las representaciones de la Ciudad de México, en consonancia con la vastedad y diversidad características de la megalópolis actual.

En palabras de José Juan Tablada, en este antiguo Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya, coexisten en el tiempo tres componentes del símbolo del arte mexicano: la cabeza de serpiente prehispánica que asoma de la cimentación, la arquitectura virreinal del magnífico palacio y el estudio del gran paisajista Joaquín Clausell.

Esta muestra busca ampliar dicho símbolo hasta el presente.

Se apuesta por nuevos diálogos e implicaciones discursivas. Se parte de un modelo relativizante basado en antagonismos, en abordajes “desde afuera”, en la convivencia entre lo moderno y lo tardo moderno, y en conexiones con diversos géneros de comunicación visual.

Como en cualquier trayecto, el espectador puede encontrar en estas salas referencias conocidas sobre su ciudad, pero también otras nuevas y sorprendentes, como las que modifican cotidianamente el paisaje urbano.

TZOMPANTLI

De la utopía a la distopía

Se pretende ser radicalmente rupturista, como lo fue el arte del siglo XX en la Ciudad de México, aun antes del movimiento muralista. En esta voluntad de cambio y transformación, la modernidad artística devino en vanguardia y, en el caso de la mexicana, en una muy vigorosa y de grandes repercusiones a nivel mundial. Son tangibles la ilusión del progreso, los emblemas de la liberación nacional, unidos a la prosperidad, así como la ciudad ideal, irreal, fantástica, futurista.

El frenesí de modernidad se aprecia en paisajes urbanos que presumen edificios, chimeneas, cableados de luz y telégrafos, así como robustos y comprometidos trabajadores de la construcción que parecen inspirados en la iconografía de la revolución soviética.

Este impulso deja sus saldos negativos en la contraparte distópica, la otra cara de la misma moneda: el creciente proletariado urbano, las crisis sociales, la marginalidad en los espacios de encierro y castigo.

Paisajes urbanos, lugares y no lugares

El no lugar busca caracterizar sitios como carreteras, supermercados, hoteles, aeropuertos, estaciones de tren, espacios de comida rápida. Carecen de toda cualidad asociable con los lugares: son de paso, de simple tránsito y no tienen historia. Son impersonales, aunque tengan su propio estilo.

Los lugares, en cambio, están marcados por los sellos de la identidad, de la historia, de la poética social que se cumple en el espacio público –o en el privado—, del arraigo y sus nostalgias.

Escribe Marc Augé: “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de lugares ‘de memoria’, ocupan allí un lugar circunscripto y específico”.

Mapas, signos, territorios

Se contemplan diversas interpretaciones de la megalópolis, con diferentes intenciones de abordaje, iconicidad y de relación con la realidad, con los territorios. Algunos artistas comparten las construcciones simbólicas y coinciden en el poder autorreferencial de su trabajo.

Otros exploran territorios muy diversos, con el propósito de palpar el duro suelo de la realidad y de la historia, pretendiendo no pocas veces asentar un testimonio artístico y documental.

Algunos proyectan mapas, horizontes, miradas micro y miradas macro, que capturan a la ciudad desde las lejanías siderales, hasta los acercamientos casi impúdicos que revelan un pedazo de banqueta o un chicle pegado al pavimento.

Se muestra también el repertorio de la protesta y a la significación política. Los trabajos, las acciones, las obras de estos apartados expanden o anulan el concepto de arte, o bien le dan la vuelta o no les importa quedar al margen. Mediante recursos estético-políticos buscan afirmar la ruta de la (otra) historia, con su producción de anti monumentos, entre otras acciones encaminadas a recuperar el espacio público.

De los deseos a las catástrofes

De los deseos a las catástrofes, pasando por la fiesta y el ritual. Todo forma parte de la vida cotidiana y de la circulación y resignificación de los símbolos que median entre la vida y la muerte, entre lo deseado, lo planificado, y aquello que irrumpe accidentalmente y modifica todo.

Cierra el Tzompantli, realizado por 48 artistas y un conjunto de imágenes creadas por Rogelio Cuéllar, dedicado al sismo ocurrido el 19 de septiembre de 2017.

Dice Ignacio Padilla en Arte y olvido del terremoto: “La ciudad y los terremotos son sólo el punto de partida para planteamientos más amplios sobre la condición humana, el derrumbe de las utopías y de espejismos tanto locales como universales”.

TRANSVERSALES

Transversal: Arte y estética en la propaganda política de la Ciudad de México

LA PROPAGANDA EN EL SIGLO XIX. 1

LA PROPAGANDA EN EL SIGLO XIX. 2

LA PROPAGANDA EN EL SIGLO XIX. 3

La propaganda en el siglo XIX. 1

El régimen surgido de la Revolución Mexicana buscó por todos los medios consolidar un Estado nacionalista y revolucionario fuerte y sólido. Para ello promovió diversos proyectos artísticos y culturales y echó a andar una gran maquinaria propagandística.

Las grandes campañas de alfabetización, el muralismo, la inauguración del Palacio de Bellas Artes, las Misiones Culturales, la novela de la Revolución, la educación socialista, el apoyo al Taller de Gráfica Popular (TGP), la música nacionalista, fueron parte de un proyecto de Estado. El proyecto cultural y propagandístico más ambicioso de la historia de México.

La propaganda en el siglo XIX. 2

En el siglo XX, los medios electrónicos se convirtieron en herramientas propagandísticas muy efectivas.

En la década de 1930, se establecieron las primeras estaciones de radio; en 1948 iniciaron las primeras transmisiones de televisión y en 1950, se inauguró el primer canal comercial de la televisión. En 1955 se conformó un gran consorcio televisivo (Telesistema Mexicano, después Televisa).

Gracias a su enorme poder de penetración, se convirtió rápidamente en el gran aparato de propaganda y publicidad del país. Pronto los consorcios mediáticos se convirtieron en uno de los grandes negocios de finales del siglo XX y en un aliado fundamental del poder político.

La propaganda en el siglo XIX. 3

Tras el movimiento de 1968 y del golpe del gobierno contra el diario Excélsior, que dirigía Julio Sherer, la sociedad y el gremio periodístico reclamó la necesidad de una prensa independiente. Entre los setentas y principios de los ochentas se fundaron Proceso, Unomásuno y La Jornada.

La llegada de tecnologías informáticas ha puesto en cuestión el predominio de la televisión y ha sumido en una crisis importante a los medios impresos. La World Wide Web ha puesto al alcance herramientas de comunicación versátiles y eficaces. En la segunda década del siglo XXI, los memes, el Facebook y el twitter son parte importante de los reflejos informativos de la sociedad capitalina.